Homenaje a la ternura

Sin TERNURA vivimos en un terreno árido, falto de agua y nutrientes.

Sin TERNURA vivimos ajenos a la VIDA en un sistema de supervivencia precaria y mísera, un sistema frío, de desamparo, soledad y miedo.

Sin TERNURA cada miembro de nuestro mundo trata de “salvarse” como puede, subiendo a una balsa para atravesar el «Rio de la Vida”, sin contar con el otro, aplastando o compitiendo por un pedazo.

La TERNURA nos humaniza, nos reblandece muros de aislamiento, disuelve la negación y la autonegación. Nos devuelve la ESPERANZA, el vigor, la potencia del SER que, en su esencia ama, confía, se manifiesta, entrega lo que es, tiende a la union (a la comunión) con los otros, goza y ríe de estar vivo.

La tesis de hoy es… que sin TERNURA NO PODEMOS VIVIR, TAN SOLO SOBREVIVIR y, por ello, en nuestro mundo, el ser humano nace, funciona, se reproduce y muere sin desarrollar su bello potencial.

El título de este artículo surge en mi deseo de afirmar  la ternura, en contraste con seguir hablando de violencia, aunque sea de prevención y soluciones para la misma.

El ser humano que nace y crece rodeado de ternura jamas será violento.

Siempre que tratamos asuntos relacionados con el miedo, la destructividad, incluso la creación de mecanismos de defensa (el carácter, en término reichiano) llegaremos en última instancia a esa falta básica de ternura, que contraria a nuestra naturaleza humana, nos enferma, física o emocionalmente. Nos incapacita para el amor, la constructividad, la natural ecología y respeto por la vida, el apoyo mutuo, etc..

De la misma manera donde estuvo presente la ternura se desarrolló la capacidad para amar, la confianza, la calma y la alegría de vivir.

Desde su nacimiento, el ser humano se completa (en su desarrollo) por el cuidado  y la contención de adultos de su entorno: en primer lugar la madre, después los padres, el grupo familiar más amplio y el grupo social que les incorpora.

Rof Carballo habla de “pseudo-herencia”, refiriéndose al proceso constitutivo de la personalidad, que tiene lugar en los primeros meses de vida (pues el ser humano nace incompleto), y sigue… “ la herencia genética solo presenta al ser vivo, unas posibilidades de juego. Lo primordial son las convenciones o reglas, el programa con arreglo al cual ha de jugarse. Estas, se presentan en los primeros meses de vida, por una relación transacional con los seres que tutelan la vida infantil”. A esta trama o plan de juego la llama Urdimbre constitutiva.

Resulta muy determinante para el establecimiento de esas reglas y programas (para vivir), la reactivación en los padres y madres de las tensiones emocionales vividas en su primera infancia (que tiene lugar en el momento de la crianza y educación de sus hijos) y que determinan la reaparición de sus propios conflictos, inhibiciones, temores, necesidades de supervivencia afectiva frente al entorno. De forma inevitable, la proyección inconsciente -en los hij@s- de un círculo vicioso, tal vez desde generaciones, persiste hasta que alguién es capaz de TOMAR CONCIENCIA y romper esta compulsión de repetición tan perniciosa para la salud individual y social.

Se sabe que existen diversas consecuencias para la salud física y emocional de la carencia de afecto y manifestaciones de apego. Carencia de empatía o caricias, en definitiva, por la ausencia de ternura en los primeros meses de vida.

Los animales no acariciados en los primeros momentos de vida presentan más tarde alteraciones biológicas, una menor resistencia a agentes nocivos, tendencia a la implantación de células cancerosas, etc..

Esto es referido por diversos autores de psicosomática y muy especialmente por W.Reich, en su “ Biopatia del cáncer” (considerando esta enfermedad y otras de tipo degenerativo, como consecuencia del encogimiento de los tejidos en situaciones de miedo profundo que afecta al núcleo de la misma célula).

Spitz se refiere al eczema que persiste en bebés de madres incapaces de acariciarles. También problemas del sistema respiratorio y digestivo. La anomalía en el metabolismo de los azúcares, en los esquizofrénicos. La depresión analítica. Todos ellos se corresponden con la pérdida del punto de regencia, la contención afectiva, el CONTACTO ENERGÉTICO, que inequívocamente, se ve asegurado cuando está presente la ternura.

La angustia profunda, tan frecuente en nuestro mundo actual y en nuestro sistema de convivencia (que genera más y más separación y desimplicación afectiva) es desencadenada -en su origen- por la separación del vínculo amoroso (falta o pérdida súbita o poco sensible) que da seguridad y sentimiento de integración de sí mismo.

También la violencia surge en el ser humano por la angustia intensa surgida por la falta de amor o protección.

Es importante reconocer la violencia como reactiva y no constitutiva, natural, en el ser humano. La agresividad destructiva es una respuesta ante una falta de amor. Esto quiere decir que la violencia no es inherente al ser humano, sino que se va adquiriendo a lo largo del desarrollo, PUEDE CAMBIAR. O sea, que la ternura o su falta, pueden sencillamente determinar la respuesta o no de violencia.

A nivel social diríamos que una conducta delincuente, que atenta contra la integridad del otro, es el resultado de un trastorno en la maduración Psico-afectiva. En cambio, solo concebimos que las leyes se endurezcan para el castigo. ¿Que hay del cambio educativo que haga posible el cambio en el sistema de convivencia, de ritmos vitales, de asentamiento de la ternura?…

Diferenciemos agresividad de violencia. En el mundo animal encontramos los comportamientos de agresividad territorial, sexual, y lúdica. Solo en el humano tiene lugar la agresividad ciega, que causa daño y hasta muerte, en un acto de descarga de tensión (que puede producir placer). Tensión causada por el miedo, la presión interna acumulada, inconsciente, proveniente de la falta básica de ternura, de presencia reasegurada, de sentimiento profundo de seguridad, integración yoica.

En los primeros momentos de la vida, el ser humano desarrolla, o no, la confianza básica o esperanza, que tiene un substrato biológico.

Neuman se refiere a la relación primigenia. Si el bebé siente que sus necesidades se satisfacen genera confianza, lo cual determina su actitud ante la vida y las relaciones.

Si la referencia vivida en su propia piel es de amor y calma, ante la pérdida de seguridad, la soledad o el fracaso puntual las podrá  vivir como experiencias que se integran de forma positiva. Existe por así decir, una referencia positiva sobre la que regresar una y otra vez para volver a confiar, descansar y restablecer la calma. En caso contrario, cuando no existe la confianza básica (en el otro, en el mundo y hasta en las propias sensaciones) todo es vivido como peligroso, confuso. Como una soledad profunda y sin salida. Entonces actuarán -en el intento de garantizar la supervivencia emocional-  los mecanismos  inconscientes de defensa (esos que tanto cuesta desenmarañar en terapia, porque están tan íntimamente arraigados en la neuro-musculatura de la persona).

Incluso al delinquir podemos decir que se realiza lo único que para esa persona, existe. Para el no exíste lo bueno, la confianza, la ternura. Robar y hasta matar es la única acción posible para «obtener», o bien, es la expresión de la única realidad conocida que existe: dañar, vaciar. El mundo es algo caótico, frío, desmembrado, absurdo y alguién debe pagar por ello. Entonces hago daño al otro (y le castigo), o me hago daño a mí mismo (culpabilidad). El mundo no es “de fiar” y/o  soy “un ser indigno” dando lugar a actitudes sadomasoquistas.

Klaus y Kennell sostienen que “el vínculo original madre-hijo es la fuente de la que surgen todos los vínculos de la vida, constituye además la NOCIÓN DE SÍ MISMO”.

Bowlby subraya que aquellos que sufren trastornos psicopatológicos muestran siempre alteraciones de la capacidad de vinculación afectiva. Con ello, en el desarrollo de la clínica, relacionamos la personalidad depresiva, el suicidio, la delincuencia, la personalidad psicopática y tantos otros trastornos. Pero además, en mayor o menor medida, en el terreno de lo que podemos llamar «normal» también tenemos en cuenta los comportamientos educativos, de pareja, laborales, o de amistad observando que están plagados de rivalidad, miedo a la pérdida, imposición, falta de escucha y reconocimiento, necesidad de autoafirmación y un largo etc..que perpetúa el desencuentro, el aislamiento, la pena, el resentimiento, la queja, el juicio y un largo etc…

 

Hablemos de la importancia del CONTACTO.

El contacto con la mirada: me reconozco.

Contacto de piel: me calmo, me contienes.

Contacto con la voz: me consuelo

Contacto con el olor: te reconozco, me siento seguro.

Y contacto con el campo energético: me nutro, me abandono.

 

Cuando se garantiza suficientemente el contacto que tiene mucho que ver con la ternura, se desarrolla una personalidad afirmada, alegre, confiada, portadora de semillas de ternura, de consuelo, de armonía, de esperanza, de escucha, de presencia cálida. En caso contrario, durante toda la vida, se tenderá a “ buscar contacto de forma desviada” (ya sea de forma narcisista, masoquista, compulsiva).

Podríamos definir el CONTACTO-TERNURA como: 

Empatía, conexión, unión, sentimiento de relación profunda y real, vibración en sintonía, intercambio energético…

La CONFIANZA BÁSICA proviene de la experiencia de una atmósfera protectora y amorosa.

La vida solo puede desarrollarse bajo la presencia de la ternura.

El bebé indefenso solo puede enviar señales profundas que reavivan en el ser humano esa ternura. De ahí que, es precisamente, en el contacto con el bebé, cuando (aunque lamentablemente, no siempre) con más facilidad perdemos “las formas”, hacemos pedorretas, sonreímos casi inevitablemente, miramos con total aceptación, nos permitimos ternura y SER TERNURA casi sin poder evitarlo. El bebé nos seduce, nos ablanda, nos “hace mejores” (porque su vida depende de ello).

Más tarde, en el desarrollo, aparece la actitud de normalizar. La ternura se va desvaneciendo -en nuestro sistema cultural- para dejar paso a la EDUCACIÓN. Frecuentemente, más bien, la educastración o educompulsión. Las exigencias del entorno social, de adaptación, aprendizaje de normas, de limpieza, de horarios, de conocimientos, según un programa y un ritmo que en absoluto respeta la naturaleza y la bondad natural de los niñ@s, que de manera natural y espontánea, tienden sin embargo a esa adaptación a la “pertenencia al grupo” a la curiosidad y gusto de aprender.

Es muy importante seguir manteniendo y alimentando la ternura, en un nuevo ritmo. Permitir que la introducción de normas y demás, vaya alternándose con las manifestaciones de la ternura sin rupturas bruscas. Garantizando la CONTINUIDAD DE ESA CONFIANZA BÁSICA.

El orden, la norma, el aprendizaje vividos como mecánicos y compulsivos, vuelven VIOLENTAS las relaciones más importantes de la vida.

La ternura puede ir readaptándose a los cambios. No es necesario ese salto en el que ya eres mayor y «debes, y debes y debes…».

En realidad, la capacidad de adaptación a la realidad, a las normas sociales, etc, depende, esencialmente de la CONSISTENCIA DEL NUCLEO DE CONFIANZA.

La estructura del yo puede ser adaptativa, flexible, reguladora y consistente siempre que la ternura siga asegurando el proceso de CRECIMIENTO de este “Yo humano”.

Es posible ACEPTAR el cambio, el riesgo, el dolor, la adversidad o la pérdida. Es posible INTEGRAR experiencias ingratas con otras gratas y enriquecer su vida. Crecer más y más creativo siempre que en la primera relación original , consigo mismo y el mundo tenga como terreno la ternura. Permitiendo que esta pueda persistir, adaptándose a los cambios, al crecimiento de “la cría”, respetando y amando a su vez su diferencia, su libertad. De este modo se garantiza la seguridad de su yo, primero biológico y luego también psíquico.

¿Que hay de las manifestaciones de la ternura en situaciones que nos confrontan, como lo es la expresión de ira, gritos, rechazo..por parte de nuestros niños?..Es precisamente ahí donde la ternura sucede. Aceptando, acompañando sin juicio, esperando presente. Preservando su bienestar por encima de todo. Sabemos que los sujetos que exteriorizan su cólera presentan un aumento de noradrenalina en sangre y orina.  Los que la inhíben ven aumentada la adrenalina (precursora de la ansiedad).

Como para el desarrollo de una personalidad sana, amorosa, vemos que es necesario satisfacer las necesidades de amor. La finalidad de la educación debería ser penetrar en el arte de las relaciones humanas para permitir que el individuo desarrolle sus potenciales para el amor.

La ternura es adaptación al ritmo lento en el que la vida se expresa. Olvidándose de la prisa impuesta. Es como aguardar que las cosas se revelen en su esencia.

Rof Carballo dice que “una caricia apresurada es la negación de toda ternura”.

No es la perfección lo que importa, según este modelo o aquel, esta o esta teoría. No, lo esencial es la mirada, la calma, la escucha de verdad, la espera y la presencia sin condiciones. Todo ello es fuente de seguridad y confianza y en la confianza “ todo se puede construir, especialmente UN MUNDO DE TERNURA”.

Me gustaría relacionar esto con el ritmo en psicoterapia. Regresar a la infancia, retomar el hilo de los acontecimientos afectivos…bien requiere que se le conceda tiempo. Ron Kurtz me decía una vez..

apego, crianza, educacion, psicologia, TERNURA

Comentarios (2)

  • Maite, qué hermosa e inspiradora reflexión esta de la Ternura! Desde que escuché tu charla sobre el tema en Valencia se me quedó grabada esa invitación a practicar la ternura y tus palabras ahora nos ponen ante el dilema de vivir o sobrevivir. Me parece fundamental lo que señalas respecto al cambio que podemos lograr introduciendo la ternura en los diferentes tipos de relaciones que tenemos (pareja, hijos,…). Cuánta ternura nos hace falta respecto al planeta también con sus dones y sus gentes tan diversas! Gracias por tanta ternura.

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