Depresión: Vivir al filo de la muerte

La persona deprimida hizo una renuncia a la agresividad vital. Se acomodó, resignada, en la pasividad. “La muerte del impulso de la demanda para la satisfacción amorosa es el estado emocional de la depresión.”

Depresión es resultante de resignación, renuncia, por la sucesiva frustración, de un impulso natural del organismo para la satisfacción de una necesidad básica de amor, de contacto, calor, plenitud, y vida. 

El paciente depresivo conoce el dolor angustioso de la fría soledad, el sufrimiento desgarrador del esfuerzo (sin frutos ) y la desesperación.

Solo las vicisitudes de la “relación terapéutica”, poco a poco, van a hacer posible la apertura al viejo dolor, porque estará asociada a la ESPERANZA.

La “no respuesta” de otro tiempo, que llevó el sujeto a replegarse, resignarse, dormir, desconectar, morir (aún sobreviviendo), es transformada, en la actualidad de esta “nueva relación”, en RESPUESTA, presencia, contacto, sucediendo con ello, el despertar y la revitalización de su SER. 

La depresión es inmovilidad, pasividad, lentitud psicomotriz. Mientras que en la agresividad hay búsqueda, en la depresión hay renuncia. En la agresividad hay esperanza de encuentro, en la depresión desesperanza y retirada hacia dentro (respecto al exterior) .Ansiedad y depresión: 

Si la depresión es consecuencia de la renuncia a la esperanza de gratificación, la ansiedad ocurre siempre que no tiene lugar esa renuncia. La ansiedad expresa un temor de pérdida, la depresión es el estado de pérdida en sí. 

La manifestación de ansiedad en los trastornos del sueño y la alimentación o respecto al exagerado apego en una relación sentimental, expresa siempre ese temor básico de pérdida, vacío. La ansiedad es un constante intento de compensar el vacío, la fría soledad, el sentimiento de abandono. 

Como decía S.Rado. “el depresivo desea expresar su ira al objeto amado pero su dependencia de este se lo impide”. 

Dormir, dormir
No salir de la cama
No esperar nada
Nadie va a entenderme
No hay nadie … nadie va a venir

Mejor dormir
No vale la pena
Nada sirve, nada me estimula, nadie me llena
Todo es inútil … 

Todo ese sentir de desesperanza y aislamiento respecto al exterior convierte a la depresión en una experiencia muy dolorosa de hundimiento fisico, mental, emocional, energético, espiritual y relacional. La propia existencia, toda, se hunde en un “agujero negro” profundo y sin salida aparente. 

Para la persona que sufre depresión, algo se apagó, se oscureció en un momento de su vida. La espera viva de amor, eso que nutre, ilumina, calienta, da seguridad y confianza se desvaneció. “Ya no espero nada” es un sentimiento consecuente por la pérdida esencial. 

Pero, ¿desde cuando esa resignación?

“La depresión tiene como base histórica la perdida del amor de la madre” (Lowen, 1982). 

“La depresión es consecuencia de la perdida del objeto amado (madre o padre, según la edad)”, (Bowly). 

W.Reich considera la depresión como “un estado personal consecuencia de la suma de varios factores entre los que estaría la falta de motilidad vegetativa y bloqueo emocional”. 

Muchos organismos humanos – en desarrollo – sobreviven con un mínimo tal de energía que podría decirse que a nivel biofísico pulsan ya de modo resignado. En los primeros momentos de su estancia en el mundo encuentran frío y soledad. La angustia solo puede ser afrontada con la fuga, la desconexión, replegándose hacia adentro, auto protegiéndose, respirando levemente para no sentir = no sufrir y, como consecuencia, no vivir, solo sobrevivir. “Vivir al filo de la muerte”. Es una cruel paradoja: huyendo aterrados del dolor desgarrador de la muerte del amor, se suprime todo movimiento vital hacia dicho amor, y es que la experiencia que da sentido a esta paradoja mortal fue “la vida pulsando hacia la vida, desgarrada en el dolor de la pérdida – o la ausencia – disminuye su pulsación, se debilita, se adormece, se inhibe y adapta a la carencia y se deprime.” 

La ambivalencia oral y la depresión (como defensa) tiene lugar en el caso de personas que han conocido un mínimo de calor, placer oral y satisfacción amorosa primitiva, que, no obstante, no fue suficiente, se obtuvo con esfuerzo y … un día se acabó. El sujeto acabó renunciando a su impulso natural de demanda de ser cogido y de mamar. La vivencia es: “tanto esfuerzo para nada”, “haga lo que haga no me da lo que quiero”, etc … Así pues, congela su demanda, petrifica su deseo y desconecta de su necesidad básica de amor.

Vivir la necesidad es algo desgarrador, no se soporta, hay que insensibilizarse.

El problema de la depresión es grave y lo es sobre todo su frecuencia en nuestros días. 

La DEPRESIÓN se puede prevenir..

Resulta impresionantemente alentador obtener tan buenos resultados en cuanto a la salud – en términos de vitalidad y alegría – en casos de niños y niñas que han sido criados y educados teniendo en cuenta sus necesidades básicas de nutrición y satisfacción energética y afectiva. 

El olor de la madre

La búsqueda de la mirada viva que asegura su existencia,
El calor, vida, amor, expansión.

La confianza: 

“Grito, lloro, me muevo inquieto
y ahí está, mamá
Río y estiro mis manos
y me coge, me acuna en su cuerpo, escucho su voz, su corazón, me calmo, respiro en paz …” 

La ternura, que no muera la ternura¡¡

“Tócame, acaricia mi piel, que no se cierre … despiértala debajo de tus dedos de seda, no dejes que me muera de desesperanza
¿qué puedo hacer si tu no me miras?
ni llenas mi boca de amor fluido,
¿si la oscuridad enfría mi alegría?
… dormir, dormir
desconectar, renunciar, tal vez … morir. 

No pretendo sembrar el drama, estoy muy lejos de eso. Lo que acabo de exponer, es real aunque no nos guste. Lo hago desde el optimismo porque conozco el camino lleno de esperanza y cambio para este mundo nuestro tan deprimido hoy. 

Somos mamíferos que reclamamos piel, olfato, mirada atenta, presencia cálida; para existir gozosamente. Somos seres perdidos, confusos que buscamos “la vuelta a casa”. 

Abrazar, acariciar con la mirada, derrochar ternura, sin prisas , acompañar en el despertar de la vida, es sin duda la medicina que nuestro mundo necesita para no vivir al filo de la muerte, para vivir a manos llenas y que la alegría ocupe el mayor espacio posible en nuestros corazones, todo tenga sentido, todo sea de color, todos nos importen, y … la destructividad humana sea “solo un mal sueño”.

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