Atrapados en un inconsciente que habita en el cuerpo

El origen de la neurosis y el sufrimiento humano reside en todo aquello que tuviste que hacer siendo niño para sobrevivir afectivamente.

Toda una carrera de obstáculos, tensando, bloqueando y disminuyendo la capacidad de inspiración. Acortando músculos y articulaciones en un proceso como el que sigue:

La frustración de una necesidad básica de afecto en el recién nacido provoca una respuesta de llanto (el llanto es el primer lenguaje) que es reprimido o no atendido. Esto provoca una primera respuesta de rabia, enfado, gritos, mordiscos, etc.  A partir de ahí se genera una nueva represión del impulso emocional.

Este es un proceso típico de nuestro sistema cultural y educativo. La consecuencia es toda una serie de tensiones neuromusculares surgidas de la necesidad de evitación tanto de:

-La expresión emocional, que causa castigo o retiro de afecto y represión.

-Del contacto mismo de las propias sensaciones corporales asociadas con la vivencia del impulso que acarrearía consecuencias represivas y dolorosas.

Estas tensiones van cronificándose en el cuerpo y contienen información de emociones bloqueadas  y de las situaciones que las ocasionaron. Así pues, se bloquea la energía ligada a los impulsos afectivos temidos.

Los sentimientos asociados a impulsos corporales que fueron vividos como peligrosos porque desencadenaron o representaron la amenaza de castigo, juicio o pérdida de afecto, se fueron replegando en diversas zonas del cuerpo. Se enquistaron en tensiones de las que luego desconoceremos su razón, su lógica o significado y simplemente trataremos de aliviar con diversos recursos. Tales emociones reprimidas, relegadas en el inconsciente, habitan por tanto en el cuerpo, en las diversas zonas musculares relacionadas con la expresión de afectos e impulsos afectivos. Estas emociones acabarán convirtiéndose en nudos encargados de mantener bien atados dichos impulsos por miedo a las consecuencias.

A estas alturas todo el mundo conoce lo que es el inconsciente, pero no siempre resulta claro para que existe. ¿Porque existe esta especie de cajón oscuro en el que no mirar y dejar olvidados aquellos contenidos que causan dolor?. La causa de su existencia es la necesidad de amor. La dependencia real respecto a las figuras parentales de referencia nos hace actuar como sea con tal de ser querido y valorado.

Decir que ESTAMOS ATRAPADOS en un inconsciente que habita en el cuerpo significa reconocer que una parte esencial de quién soy, que siento y como vivo, permanece atrapada, olvidada y hasta negada. Los síntomas aparecerán más tarde como ultimo lenguaje posible de expresión. Aún entonces, no escuchamos. Normalmente no se trata el síntoma, se corta.

En realidad todo síntoma es un intento de crear una nueva oportunidad en la que por fin liberarse. Entendido así, el síntoma no es el problema. El problema sigue siendo desoír su mensaje. Debilitarlo y  condenarlo al silencio, la oscuridad y el olvido.

En el siguiente intento el síntoma se recrudece, crece la enfermedad y el desquilibrio bioenérgetico antiguo se expresa cada vez con mas intensidad y en mas zonas del cuerpo. Estamos atrapados porque no encontramos la salida. Porque con toda esa energía vital retenida que encoge y distorsiona el cuerpo, van quedando encarcelados muchos potenciales, creatividad y capacidad de expansión.

Vivimos en una TRAMPA, el carácter es la trampa. El conjunto de mecanismos de defensa para no sentir o sentir menos, no sufrir o sufrir menos. Esos mecanismos desarrollan comportamientos que ocultan, disfrazan y proyectan fuera de sí. Niegan los sentimientos temidos. Todos ellos tienen su soporte en el cuerpo. Estos son  la coraza caracteromuscular en términos reichianos. Estos mecanismos son inconscientes y crean una coraza rígida también llamada ego.

El carácter es la forma de sobrevivir afectivamente. Una construcción que resume la historia (suma de todas las experiencias pasadas) del individuo cristalizándose en tensiones corporales y actitudes comportamentales. Manifestándose en  creencias y programas. Es pues historia individual, pero también familiar, social e institucional, convertida en estructura psicosomática. Una historia que escribe sus sucesivos desarrollos en el cuerpo así como en el potencial emocional y en el comportamiento.

Cuando un rasgo caracterial es circunscrito, movilizado y desenmascarado, surgen las experiencias pasadas infantiles. Disposiciones y experiencias que hablan del placer y la angustia del sujeto. Hablan de la naturaleza de sus conflictos, de sus temores y de su pena básica.

El ego es el tirano. Esclaviza. Reclama más y más cuidados. Quiere alimento. El ego es la trampa tejida miedo a miedo. Es el (por sí acaso). También la separación y el sálvese quién pueda. El ego es la mentira sobre tí mismo. La suma de programas para vivir en Matrix.

En realidad, en la base de cada mecanismo de defensa se puede encontrar la experiencia de nuestro niño tratando de sobrevivir afectivamente. Un niño que teme disgustar a papá o mamá, a la autoridad, a la pareja o al vecino. Es esencial para un niño, para su vida y su desarrollo, la seguridad de ser amado.

Así por ejemplo:

Ese niñ@ de 3 años al que su mamá pregunta quién se comió las moras del pastel y este señala a su hermanita diciendo que ha sido ella a pesar de tener su boca y sus manos moradas.

O cuando siendo evidente que el niño se ha hecho pipí en el sofá, repite seriamente, yo no he sido.

Ese pequeño que se muestra radiante y feliz con ese cromo especial cuando en realidad le falta la atención mas básica en casa. Desplaza claramente hacia los objetos lo que es una necesidad de afecto.

O el niño que cae enfermo regularmente para quedarse en casa y ser cuidado siendo esa la única manera.

Así pues, cuando ese niño llega a la edad adulta le resulta difícil entrever esos viejos motivos en algunos de nuestros comportamientos como podrían ser:

Se proyecta en el otro.

Niega la realidad.

Muestra una debilidad exasperante.

Es compulsivo respecto a la importancia del orden o limpieza.

Tiene falta de implicación  o de compromiso personal.

En definitiva, sigue siendo el mismo niño. Sigue  hablando del mismo miedo y posee la misma necesidad de amor.

 

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