La libertad no se elige, elegir nos hace libres

Cuando hablamos de amor, la libertad y el compromiso frecuentemente parecen antagónicos.Sin embargo, la libertad consiste en la capacidad de elegir, porque me comprometo únicamente con aquello que elijo y sí te elijo cada día, entonces, mi compromiso contigo me hace libre, a no ser que lo queramos todo, en cuyo caso, no elegimos.

La “ilusión de libertad” que proporciona no comprometerse tiene mucho que ver con el famoso complejo de Peter Pan. Pero esa fantasía de eterna juventud condena  a seguir jugando sin crecer en el país de nunca jamás.

Compromiso se corresponde, a su vez, con implicación. Y sí no me comprometo con lo que digo, con lo que hago, con lo que elijo, con lo que amo, no estoy implicándome en ello, por tanto, no estoy, no soy, no existo.

A menudo escuchamos frases como:

“ Yo no quiero ataduras”.“ Temo que busque algo más”.“ Nuestra relación se basa en la libertad individual”. “ Tengo miedo de perderme en el otro”.” Prefiero no entregarme del todo, nunca se sabe si esto durará” y un largo etcétera.

Abunda la confusión que identifica la huida de la relación, con la libertad, el compromiso, con atadura y la entrega amorosa, con la pérdida de uno mismo.

Amor es entrega y aceptación, por ello precisamente, en la entrega completa y sin reservas puede tener lugar el mayor placer sexual, la confianza y el descanso. También la oportunidad de vivir la maravillosa aventura de caminar hacia la profundidad de una relación REAL  que promete un sinfín de descubrimientos y crecimiento personal, dejando atrás las máscaras, los ideales y las pretensiones de “amor perfecto”.

Crecemos con una lista más o menos larga de necesidades afectivas (infantiles y adolescentes) no resueltas, que nos condicionan a la hora de elegir y vivir relaciones afectivas. Fácilmente aparece el miedo a la pérdida de libertad, a la manipulación afectiva. Algunos tenderán a huir en busca de sensaciones y libertad sin restricciones, o al contrario, andarán anhelantes buscando seguridad afectiva en la pareja como representante de un “para siempre” que acabe con la dolorosa soledad.

El deseo de ser admirad@, de sentirse desead@. La necesidad de explorar “nuevos mundos” ávidos de aventura o la de comprobar una y otra vez la capacidad de éxito, son algunos de los estímulos que se vuelven  cada vez más predominantes cuando se tiene una relación que ya ha ofrecido, aparentemente, todo lo que puede colmar y calmar las insistentes necesidades (más o menos inconscientes) de las que hablábamos en el párrafo anterior. Con ello, llega la crisis y frecuentemente, el bajón o la ruptura.

Si solo andamos preocupados por obtener del otro, todo el placer, la comprensión, el reconocimiento y la admiración, se puede pasar el tiempo de la relación SIN VER  al otro. Esa persona que nos atrajo y despertó nuestro interés. Ese individuo que nos resultó tan deseable e interesante, con mucha facilidad acaba convirtiéndose en límite, en atadura, en duda, cuando podría ser una diaria oportunidad de experimentar la ternura y el amor.

El amor está del lado de la confianza, esa bella aliada de Eros, ya que facilita una mayor entrega a las sensaciones de placer sin necesidad de demostraciones y esfuerzos por agradar.

El amor no teme al compromiso, ni lo convierte en atadura, porque se sabe definitivamente libre.

Quién ama elige comprometerse cada día, libre y gozosamente con su amad@, porque dar continuidad a aquello que nos hace feliz se hace por puro placer y satisfacción.

Permanecer junto a quién nos aporta complicidad, placer, confianza y amor es ser fiel al más puro sentimiento de felicidad personal. Para lograrlo, sin embargo, es necesario escuchar, entender y calmar los temores que inducen a confundirlo con otras palabras como “trampa”, “atadura”, “pérdida de oportunidades” y otras tantas quimeras.

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Comment

  • Es un post muy bonito y muy claro, con el paso del tiempo me he dado cuenta de que con frecuencia lo mezclamos todo provocándonos confusión a nosotros mismos… porque efectivamente compromiso y libertad pueden ir de la mano.

    Enhorabuena por este blog y gracias por tan sabias aportaciones.

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